El video parte de la premisa “Esto es real” y propone un juego con la percepción. Todo sucede en un mismo movimiento continuo, como si entrar a una escena implicara quedar atrapado en ella. El plano secuencia funciona como estructura y como concepto, reforzando la idea de loop que atraviesa todo el EP. En lo estético, el contraste entre forma y contenido es central. El arte propone un mundo surrealista, poblado por personajes y eventos absurdos, mientras que la fotografía se mantiene anclada en un lenguaje documental, con cámara en mano y un pulso crudo. El choque entre ambos lenguajes produce una imagen extraña y ambigua, como si la cámara estuviera registrando algo que existe, pero no debería. Esa fricción entre lo artificial y lo orgánico, es una constante en el universo visual de Molle. En un contexto donde lo artificial domina la imagen, el video apuesta por lo físico, lo manual y lo imperfecto. Todo lo que aparece en pantalla fue construido y filmado: no hay animación 3D ni uso de inteligencia artificial. Los efectos, los títulos y los dispositivos visuales, como la utilización de un zootropo, ocurren frente a cámara, como parte de un mismo gesto artesanal. Esta decisión marca también un punto de inflexión dentro del EP. Si el video anterior proponía un universo completamente digital y generado en 3D, este último se planta en el extremo opuesto: cámara en mano, efectos prácticos y un registro crudo, que vuelve visible el pulso humano detrás de cada plano. Como pieza final del EP, el video retoma y reúne sus elementos recurrentes: el loop, el arma, los fideos, reafirmando una identidad visual propia y coherente con los universos de Flex/Blade y Where Is My Mind.